CentroCentro y PHotoESPAÑA reivindican la figura de Margaret Watkins como pionera de la fotografía

Andrea Levy ha inaugurado hoy Black Light, una retrospectiva de la obra de la fotógrafa canadiense, abierta hasta el 26 de septiembre

Black Light, incluida en la sección oficial de PHotoESPAÑA 2021, recoge 150 fotografías de 1914 a 1939 entre las que se incluyen retratos, paisajes, bodegones, escenas callejeras y trabajos publicitarios

La exposición, estructurada en torno a cinco bloques, ofrece una visión retrospectiva de la obra de Watkins desde los orígenes de su trabajo, sus retratos y su actividad en Nueva York entre 1915 y 1928 hasta sus trabajos en Europa y sus fotomontajes

La fotógrafa canadiense Margaret Watkins ha contribuido a forjar la historia de la fotografía de principios del siglo XX con sus singulares aportaciones. Watkins vivió una vida de rebelión en la que rechazó la tradición y los roles de género asignados a las mujeres. PHotoESPAÑA y CentroCentro han presentado hoy la exposición Black Light, una muestra que reivindica la obra de esta mujer y profundiza en la relación entre su trabajo y su biografía.

Inauguración de la exposición Black Light por parte de Andrea Levy

Durante la inauguración, la delegada de Cultura, Turismo y Deporte, Andrea Levy, ha señalado que “es una buena noticia que PHotoESPAÑA vuelva a la agenda madrileña en la fecha de siempre, en junio. Con ello se constata la plena recuperación de la oferta cultural de esta ciudad que, con el esfuerzo de todos, ha sabido mantener el pulso de la actividad en un riguroso ejercicio de valentía y sobre todo, de responsabilidad que ha sido reconocido como el ‘milagro de Madrid’ dentro y fuera del país”.

La muestra, comisariada por Anne Morin, ofrece una retrospectiva de la obra de Watkins a través de 150 fotografías realizadas entre 1914 y 1939 y entre las que se incluyen retratos y paisajes, bodegones modernos, escenas callejeras, trabajos publicitarios y diseños comerciales. Watkins desarrolló una carrera brillante en la década de 1920 y fue una de las primeras autoras en dedicarse a la fotografía publicitaria. Sus imágenes sobre objetos cotidianos se convirtieron en el paradigma sobre el que se forjaron los nuevos estándares de aceptabilidad.

Su estilo modernista deja entrever su capacidad de anticipar las grandes revoluciones estéticas y conceptuales que vendrían después. Se la puede considerar como vínculo entre un pictorialismo en busca de identidad y el modernismo de vanguardia. En su obra se establece un diálogo incesante entre el arte y la vida doméstica, fundiéndose tema y objeto en una misma cosa, de manera que utiliza esta figura a lo largo de toda su carrera tanto en su obra personal como en sus trabajos publicitarios para agencias como Condé Nast o Reimers y diversas revistas.

Estructura de la exposición

La muestra recorre varios periodos fundamentales en el desarrollo de Margaret Watkins. La primera parte de la exposición aborda la génesis de su obra. Desde sus estudios a su trabajo como asistente para el fotógrafo comercial Arthur Jamieson y cómo entonces tomó conciencia de las posibilidades profesionales y creativas que le ofrecía la fotografía.

El segundo apartado recoge sus retratos, un género al que llegó gracias a su trabajo como asistente de la fotógrafa e ilustradora Alice Boughton. Es en ese momento en el que Watkins adopta el lenguaje visual y los preceptos estéticos que desarrollará después.

La tercera parte de la exposición profundiza en los inicios de Watkins como fotógrafa independiente en Nueva York entre 1915 y 1928.  “Las composiciones visuales que realiza desde 1919 están marcadas por formas geométricas muy rigurosas. El empleo de estas formas depuradas está en relación directa con las pinturas de Georgia O’Keeffe, y anuncia ya la llegada del modernismo y el nuevo mundo”, señala Anne Morin, comisaria de la muestra. Watkins trabaja sin descanso en encargos publicitarios para revistas de gran tirada como The New Yorker, Ladies’ Home Journal y Country, así como para los grandes almacenes Macy’s que le llevan a convertirse en una reconocida fotógrafa.

La cuarta sección presenta sus en Europa, a donde se traslada en 1928. Visitará la Exposición Pressa en Colonia, que le maravillará por todos los avances y novedades en relación con el diseño y la estética aplicados a la edición y la publicidad. Continuará su recorrido por Berlín, Postdam, París y, más tarde, Moscú, para terminar en Glasgow. En este periodo, Watkins desarrolla un trabajo fotográfico directamente influenciado por la nueva objetividad y, en particular, por Albert Renger-Patzsch, cuyo trabajo había visto en Colonia, y su serie de construcciones de Glasgow, en la que la estructura metálica de los edificios cobra un valor estético en sí misma como sujeto de la composición.

Por último, la quinta sección de la exposición recoge sus fotomontajes. Entre 1930 y 1937 retoma imágenes de su archivo, las introduce en otra trama estética y compone este tipo de trabajos. Estos diagramas geométricos están realizados a partir de detalles que entresaca de sus últimas fotografías. Watkins ensambla sus impresiones de pequeño formato de manera simétrica y plana. Combinando sistemáticamente derecho y revés, crea figuras, motivos y ritmos decorativos que propondrá a fabricantes textiles.

Sobre Margaret Watkins

Nacida en el seno de una familia de comerciantes adinerados, desarrolla en su juventud una sensibilidad por las artes (piano, dibujo, poesía) y en la pluralidad de estos idiomas elabora la geología, la trama y la textura de su escritura fotográfica. Establece así un diálogo incesante entre arte y vida doméstica cuyo tema y objeto se funden en uno solo y utiliza esta figura a lo largo de su carrera.

Entre 1909 y 1914, desarrolla un intenso periodo formativo que, tras diversas etapas, desemboca en la Clarence H. White School of Photography de Maine (1914). White ejerce de mentora de Margaret Watkins y los preceptos de su escuela, centrados en la fotografía pictórica, marcan profundamente el lenguaje fotográfico de la artista. Sus composiciones equilibradas y armónicas se construyen gracias a un manejo extraordinario de las líneas curvas y de las proporciones entre vacío y lleno. En 1915, después de pasar por el estudio de Jamieson, que le enseña a dibujar, Watkins se muda a Nueva York. Se convierte en la asistenta de Alice Boughton, reconocida fotógrafa e ilustradora, cuyo estudio es lugar de paso de personalidades del mundo del arte, de la literatura y del teatro como William Butler Yeats, Eugène O’Neill, Robert Louis Stevenson y Henry James.

Unos años más tarde, en 1918, Watkins abre su propio negocio y multiplica sus colaboraciones con grandes agencias de publicidad como Condé Nast, Reimers y Osborn Inc. Advertising o la Agencia Fairfax y publica regularmente en revistas de gran tirada como The New Yorker, Ladies’ Home Journal, y Country. Al mismo tiempo, ejerce como profesora en la Clarence W. School de Nueva York.

La trayectoria de Watkins como fotógrafa independiente es excepcional y continúa consolidándose durante la década de 1920, anticipando una estética vanguardista del diseño gráfico que ya se había extendido por toda Europa y cuyo origen se remonta a la Bauhaus. Su trabajo adquiere visibilidad y notoriedad y también es objeto de numerosas exposiciones colectivas e individuales, siendo la más importante la celebrada en el Art Center de Nueva York en 1923.

La repentina muerte de White en 1925 marca el comienzo del declive de su carrera, que termina en 1928 con su partida apresurada hacia Europa para visitar a sus tías en Glasgow, donde deberá quedarse finalmente a cuidar de ellas. Visita otras ciudades de Europa y Rusia a principios de la década de 1930, donde toma nuevas imágenes en las que demuestra su capacidad de anticipar las grandes revoluciones estéticas y conceptuales que vendrían después. Atrapada por los acontecimientos históricos, en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, Watkins abandona cualquier intento de seguir con su carrera.

Margaret Watkins fallece en Glasgow en noviembre de 1969. Poco antes, toma la precaución de entregar a su joven vecino, Joseph Mulholland, sin desvelarle su contenido, una caja negra sellada, que contiene fotografías y negativos, permitiendo que esta exposición antológica sobre la obra de Watkins pueda hacerse realidad.

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